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Medellín, una ciudad alegre desde cualquier perspectiva

Siendo las 3:00 p.m. del 28 de diciembre del 2020, el sol cubre la ciudad en su totalidad y yo estoy sentado dentro del helicóptero, el despegue se siente suave como las nubes que flotan tranquilamente sobre el cielo y rápidamente nos elevamos dejando atrás el aeropuerto, desde arriba todo se ve sereno y desde allí puedo observar una ciudad de paredes coloridas, de concurridas calles, llenas de personas que en ese momento se ven como pequeñas hormigas en un laberinto.

Desde la distancia logro observar todos esos lugares donde he sido feliz, que he visto desde tierra y he podido disfrutar, pero que desde el aire se ven más emocionantes, es un momento que revive miles de recuerdos, que me trae a la memoria esas veces que estuve en las icónicas edificaciones que están ahí abajo, los viajes del colegio, las tardes con mi familia, las risas con mis amigos y todas las memorias que esos lugares maravillosos me regalaron, verlos desde un punto de vista diferente me llena de emociones nuevas, algo que jamás he sentido antes, algo que todo el mundo debería experimentar al menos una vez en su vida, para sentirse completo, alejarse, esta perspectiva enseña muchas cosas, muestra que a pesar de lo pequeños que somos, somos gigantes en espíritu, los lugares llenan el alma y contemplarlos en estas circunstancias reafirma este sentimiento.

Uno nunca se cansa de estar arriba del mundo, de sentirse libre, de no tener nada que te detenga, de hacer lo imposible posible, una experiencia que dura para toda la vida, que nunca se olvida, que a diferencia de otras vivencias se guarda en el corazón más que en la mente, que enseñan a vivir por lo alto, a meditar y vivir con más intensidad.

Toda la vida se nos dice que se debe enamorar de lo que se hace y esta experiencia enseña a enamorarse de las cosas simples, las que vemos todos los días y se vuelven paisaje de la vida diaria, nos enseña que hay que vivir más con el corazón y ser más apasionados, sobre todo nos enseña a visualizar para podernos enterar de la belleza que nos rodea y a veces pasa inadvertida.

 

Incluso desde la altura se aprecia que Medellín es una ciudad alegre, que cuando se mira embarga de un sentimiento placentero, hipnotiza el contraste de la verde montaña con el de una ciudad llena de emociones, si se pone suficiente atención se logran escuchar todos los sueños, las metas y los deseos de cada uno de los habitantes mezclado con el ruido del motor. Luego de esta experiencia maravillosa viene un aterrizaje profesional, para regresar a este suelo cálido, no solo en clima, sino también en la sonrisa de su gente, en la diversidad, en el encanto natural que solo tiene Medellín – Colombia.

José Miguel Alzate- Auxiliar de vuelo